Exposicion – Colonies

CIENCIA Y ARTE SE DAN LA MANO EN ‘COLONIES’, EL NUEVO PROYECTO EXPOSITIVO DEL ESPACIO CONTEMPORÁNEO ARCHIVO DE TOLEDO
Esta semana ha terminado el proceso de selección de los proyectos que formarán parte de la próxima temporada expositiva del ECAT, al que han concurrido más de 240 trabajos y entre los que destaca la elevada calidad de las propuestas de los creadores castellano-manchegos.

Ciencia y arte, microorganismos y seres humanos, materia viva y armonía, son algunos de los aspectos que definen ‘Colonies’, la nueva instalación que desde hoy se puede visitar en el Espacio Contemporáneo Archivo de Toledo, y que forma parte de la tercera temporada de proyectos expositivos del ECAT que lleva a cabo el Gobierno de Castilla-La Mancha.

Durante la inauguración, el director general de Promoción Cultural, Rafael de Lucas, puso en valor este proyecto, con el que se apoya a los creadores contemporáneos, prestando una especial mirada a los artistas castellano-manchegos.

En este sentido, ha destacado la buena acogida en cuanto a visitantes se refiere, ya que en sus dos primeras temporadas y en esta tercera que ahora se lleva a cabo, cerca de 53.000 personas han disfrutado de las diferentes exposiciones que acoge este espacio toledano.

Esa cálida respuesta también se ha observado recientemente, con motivo de la selección de proyectos para la próxima temporada expositiva. Tal y como indicó el director general, Rafael de Lucas, “el ECAT está creciendo cada vez más”, como lo ponen de manifiesto los más de 240 proyectos recibidos, entre los que valoró la elevada calidad de las propuestas de los creadores de la región.

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Como señaló De Lucas, “una gran muestra de ese buen hacer la tenemos hoy aquí, en el ECAT, con el trabajo de estos dos hermanos de Valdepeñas”, Fernando y Rafael Ortiz Martínez de Carnero, biólogo y arquitecto respectivamente, y responsables de esta instalación, a la que Fernando define como “arte en evolución”.

La exposición se podrá visitar hasta el próximo 13 de febrero, y entre el público asistente a la inauguración de hoy, también se encontraba el gerente de la Fundación Cultura y Deporte, Carlos Macía.

Organizado por el Gobierno de Castilla-La Mancha, a través de esta Fundación, la presente temporada expositiva del ECAT ofrece la posibilidad de realizar visitas didácticas en inglés y castellano. Estas visitas se realizan de lunes a viernes, a las 12:00 y a las 19:00 horas. Los talleres didácticos tendrán lugar tanto por la mañana como por la tarde.

El horario de visitas del ECAT (C/ Trinidad, 10) es de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas, de lunes a sábado. Los domingos y festivos sólo está abierto por la mañana. El acceso a todas las exposiciones es gratuito y se puede encontrar más información en la página web www.espacioecat.es.

Contenido de la exposición
Lo que el visitante va a observar al adentrarse en el ECAT, en el casco histórico de Toledo, son numerosos tubos de ensayo gigantes suspendidos desde el techo. Su interior está lleno de bacterias sacadas del substrato acuático, microorganismos entre los que va a poder caminar y que a lo largo de estos casi dos meses que permanezca abierta la exposición, van a ir evolucionando, generando diferentes tipos de colonias y ecosistemas.

Estos micromundos contenidos en los tubos de ensayo “son pequeñas fracciones de espacio y tiempo”, indicaba Fernando, que invita a los toledanas y toledanos a acercarse a disfrutar de esta exposición con la que generan curiosidad ante los microorganismos que nos rodean en la vida cotidiana. No en vano, de ahí viene ese sistema medianamente caótico y armónico que da forma a esta exposición y que simboliza a la propia naturaleza.

Como parte de esta exposición, una pantalla muestra en imágenes gigantes el desarrollo de este proceso y el estado final al que llegarán los microorganismos de la propia sala.

Exposicion – Direcciones Focales

El proyecto expositivo Direcciones Focales se compone de trabajos como Punto de luz: Gone with the Wind, obra cuyo espacio de representación nos acerca al propio contexto de producción de una imagen específica. El medio es presentado como constitutivo de la imagen desvaneciendo los sujetos representados.

Mediante la extracción de cinco dibujos de una reproducción del cuadro Herheiligen I de Vasily Kandinsky, se realiza una proyección gráfica que, procediendo como sombras, sugestionan el modo o motivo de la mirada. Con Figuras secretas: Herheiligen I, la estrategia consiste en hacer un nuevo medio a partir de los residuos de viejas formas, y mantener juntos los diferentes indicadores temporales en una única estructura visual. Fórmula que nos recuerda que la forma muchas veces no es nada más que contenido que se ha sedimentado históricamente.

Miradas Latentes en el Casco histórico de Toledo, es una instalación con fotografías que muestran aquello que miran los Monumentos Conmemorativos situados en el espacio público del Casco histórico de Toledo. Dirigiéndose hacia el contexto de su ubicación, en oposición a los usos estéticos e históricos que originalmente le han sido atribuidos al monumento como imagen iconográfica, ha pasado de la representación de su grandeza heroica a objeto decorativo urbano. De ello es que se plantea un desplazamiento del punto de visión hacia lo que está en permanente transformación. Trabajo que viene a contribuir al giro paradigmático en la forma de entender las funciones del monumento desde la práctica artística actual.

Las obras Douglas Matta-Clark están realizadas a partir de una serie de fotografías que documentan las intervenciones sobre edificios de Gordon Matta-Clark. Mediante el corte y la quemadura las fotografías son activadas a su entorno borrando los límites que definen su interior y exterior. Al mismo tiempo, este trabajo efectúa una crítica hacia el propio devenir de la obra de Matta-Clark como producto especulativo histórico, icónico y comercial. Analizando el cambio de sentido que sea producido en las imágenes de su trabajo, se elabora una obra que, de acuerdo a los medios por donde circula, atiende a los cuestionamientos epistémicos donde está inmersa. Realizar una aproximación artística al trabajo de Douglas Gordon y Gordon Matta-Clark, cuyos procesos prácticos están cargados simbólicamente, permite presentar en última instancia la propia inestabilidad de la imagen.

Significado y localización. En un punto situado entre usted y su destino, plantea una situación estética definida por una intervención in situ y temporal, que necesita de la presencia del espectador y que simultáneamente desarrolla una dicotomía paradójica entre la percepción de la obra y la estructura del edificio donde se inscribe. Dentro del propio entramado expositivo esta obra entra a formar parte de una articulación de significados, los cuales definirán los diversos puntos de vista desde los que desvelar sus implicaciones discursivas.

Exposición Aberturas y Poeticas

ABERTURAS Y POETICAS

El proyecto expositivo se centra en la revisión de un elemento arquitectónico tan reconocible y cotidiano como es la puerta,  en un intento por explorar el potencial metafórico que encierra este objeto.  Todo ello guiado desde la intervención,  un recurso plástico  que junto con el uso de materiales reciclados  aporta nuevas  lecturas y riqueza expresiva a esta mirada singular.

Inicialmente y desde un enfoque esencialmente artístico el proyecto tiene como objetivo principal el de recuperar este elemento tan cotidiano como motivo principal de la exposición.  Partiendo de la intervención artística planteada como una estrategia de trabajo que explora y cuestiona  su función original  más allá del concepto de utilidad  práctica o decorativa que suele prestar al espacio arquitectónico.   Se trata pues de redireccionar el interés sobre este objeto,  dotándole de una autonomía  que colabore en el desarrollo de los  valores expresivos que ya posee por si misma.

En definitiva es una experiencia viva que colabora en una mayor comprensión del lugar,  donde el acto de  establecer un dialogo con el entorno es valorada como un acto de devolución hacia el propio espacio y además refleja una actitud abierta al entendimiento entre  la obra, el espacio y el publico que la frecuenta.

Exposición – Cal y Canto

Cal y Canto

Colectivo Batbirulau. “Cal y Canto”

Batbirulau es un colectivo formado por cinco artistas licenciados en Bellas Artes que se encuentran en 2007, momento desde el que han combinado sus ideas individuales al servicio de una común. Así, su taller está consagrado al trabajo en equipo, y de él surgen acciones, intervenciones y perfomances en las que el arte, una vez más, se dispone a ofrecer su más sorpresivo traje con el objetivo de difundir aquello que tenga la necesidad de expresarse por medio de la imaginación creadora.

El colectivo nos regala una importante dosis de poesía y creatividad en “Cal y Canto”, nombre de la exposición que tiene lugar en el ECAT de Toledo. Y se agradece, como también es de agradecer la velada evidencia de teatralidad que difumina las barreras existentes entre disciplinas y manifestaciones artísticas. Efectismo y contención de la respiración antes de que se abra el telón, cualquier telón. El secreto está bien guardado dispuesto a hacerse presente en cuanto la acción se ponga en marcha.

El Colectivo Batbirulao lleva a ECAT una perfomance que tiene mucho que ver con esto, y la huella de la acción inaugural quedará el tiempo restante de la exposición como un “alguien ha estado aquí”, conmovedor e inquietante.

El trabajo que presentan está muy vinculado a sus trabajos anteriores en muchos aspectos. Por ejemplo, el hecho de que el colectivo, además de estar muy vinculado al trabajo en la calle, está también muy cerca de una sensibilidad que acerca sus obras a las artes escénicas. La música, la ópera, están muy presentes, ya sea en plena calle o en la sala de exposiciones, en instalaciones e intervenciones dueñas de notables registros escenográficos.

En “Son- Sonata” de 2008, convertían la calle en una improvisada sala de conciertos. Una mujer lograba la magia de convertir unos escalones en un piano de pétreas teclas blancas y negras, arrancando de ellos el vuelo de la música que todo lo invadía. Ópera mediante y una labor de plancha abandonada, eran los ingredientes básicos de “Entre Acto” también del 2008, instalación ante la que el espectador tenía la libre obligación de imaginar su historia particular a partir de la situación sugerida.
Y ese sugerir, al que volveremos en breve hablando de “Cal y Canto”, está en el trabajo del colectivo como un hilo conductor mágico, que hace que sus obras se vean acabadas por la imaginación de quien las recorre. Y esto también es de agradecer.

Hablamos por ejemplo de “¿Y en tu ventana?” de 2008, y del entre-ver que nos deja un amplio espacio para inventar el desenlace de las historias que el colectivo plantea. En este caso, mezclan la vida privada con la pública, un cóctel que en “Cal y Canto” parece que tiene una importancia capital, al menos si, como vamos a ver, lo que se hace de puertas a dentro de un hogar está muy determinado con el transcurso de la vida de puertas a fuera. Intimidad intimidada por supuestas presiones, perfectamente regladas por costumbres sociales de dudoso gusto. De eso hablamos.

España Negra, la profunda, la de Zuloaga y Darío de Regoyos, la de posguerra, la rural, la de la pobreza de la gran urbe, la de la dictadura, la del golpe de pecho, la de la vela por los muertos y los muertos por el miedo en vida. Por aquí podríamos empezar para comentar la obra que Batbirulao presenta en ECAT. Empezaríamos y sería largo de contar, así que confío que el breve apunte, y con la retina impregnada de obras como “La visita del obispo” (1926) del maestro Gutiérrez Solana, quede bien firme como contexto a “Cal y Canto”, hermosa de forma, triste y de melancolía honda en su fondo.

Una mujer extiende su velo negro de pena por toda la sala. Negro de luto, de duelo, de tierra encima de la vida. Su falda infinita cubre lo sentido, un grito que sin voz, va dibujando silenciosa en el suelo. El dibujo, que es un susurro breve y apresurado,- quizá por miedo a ser oído por oídos inconvenientes-, es borrado de inmediato por sus rodillas que se arrastran avanzando hacia ninguna parte, sólo avanzan. En su pecho una cámara instalada reproduce al fondo de la sala lo que está ocurriendo, cómo su mano derecha está dibujando lo fugaz de la historia de toda una vida, y cómo ese dibujo va despareciendo.
El secreto escondido bajo la gran falda que viste la artista es desvelado por la tecnología, que puesta al servicio del cuento de una historia vieja, es la demostración fiable de que de ella, aún quedan lamentables residuos. Los cables bajo el vestido, ocultos, hacen posible el desarrollo de la acción, y también son parte, de alguna manera, del secreto. Conocedores de su existencia, nos hacen imaginar la obra desde un mirar atento a una extraña muñeca antigua, que esconde a drede un disfraz de modernidad gracias al que su mensaje sonará más alto.

“Cal y Canto” es la historia de nuestras abuelas, la de sacar brillo impoluto a los suelos ajenos, y también a los propios. Rodillas orantes armadas, con toda la fe del mundo puesta en un cepillo de raíces, un poco de jabón y agua.
Y el negro siempre presente, símbolo eterno de desesperada pena, tan presente como convencional. La pena se lleva por fuera. La pena por la muerte de un ser querido, o al menos cercano es la misma que cubría los armarios de las mujeres, y las vestía de negro de por vida. La casa se teñía de la negra vida del duelo. El día a día de tristeza, y de apariencias.
Aparentar. Verbo usado hasta la saciedad en cualquier literatura que hable de nuestro pasado más inmediato, y que envuelto de un alo beato, de yugo eclesiástico y justicia divina, dirigía sin contemplación alguna el transcurso vital de generaciones anteriores.

El luto, pues. Demostración pública de sufrimiento, de muerte, de pérdida. Más bien exhibición pública, digo. La casa fuera de la casa. El pueblo entra en el saloncito donde los relojes se pararon, la tele se cubre con un paño, negro, claro, -de los otros hablamos ahora-, la radio se quedó muda. La vida ya no importa. A la abuela nada le importa ya salvo la espera del final de su vida. Tan oscuro y perverso, como real el sentimiento impuesto por presión social. Famoso es el “¡silencio, he dicho!” que ponía Lorca en boca de Bernarda Alba.

En la sala del ECAT, la proyección en pantalla no es el único recuerdo de la acción llevada a cabo el día de la inauguración. Toda la estancia está rodeada de ganchillos y volantes, recuerdo también de aquella falda arcano. Puntillas que visten la sala de la memoria de una labor silenciosa y paciente.

A esta labor silenciosa dedicaban nuestras abuelas su tiempo de espera. Pañitos blancos impolutos, hilos anudados con la maestría de unas manos trabajadas por la vida, cubrían y acicalaban la negrura de una casa cerrada a “cal y canto” a la alegría de la vida. Labor de silencio y de supuesta meditación sobre un blanco que significaba un punto de luz entre tanta espesa oscuridad.

“Estar de luto: Observar durante algún tiempo los rigores de comportamiento y atuendo que son tradicionales tras la muerte de un pariente o un ser querido”. Con la definición no se puede decir más. Observar, comportamiento, atuendo… La verdadera expresión de un sentimiento, queda empañada por un fondo de plañideras que, no olvidemos y por si fuera poco, en muchas ocasiones lloraban a sueldo.

Tradición y modernidad en el sentido más profundo. Quizá ese luto ya no sea tan riguroso pero, el mundo de la apariencia sigue siendo un importante motor en la sociedad de la que habla el arte de nuestro tiempo. La radio, la televisión siguen sonando bajitas cuando la tristeza llama a nuestras puertas. Lo que somos realmente queda tras una máscara que nos construimos con los ojos de lo social, esa que los demás miran.

La tragedia de nuestras abuelas era la soledad del no anonimato. Nuestra tragedia es el anonimato entre las soledades que habitan las grandes sociedades que tan torpes y frágiles construimos.
Manuela Barrero

Exposición – Don de Babel

“Don-de Babel”. Así nombra José Luís Luzardo su reflexión a cerca de la existencia humana, el origen. Ese es el nombre elegido para un laberinto ideológico cuya antropología, preñada de versos puros en su más encabalgada dureza, nos estalla en la cara.

La exposición es un babel perfecto del pensamiento del artista al que, por otro lado, sospecho poco confuso y bien seguro de su discurso. Y esto, a pesar de que, por las características propias del medio de comunicación que usamos los humanos, éste nos llegue a medias. No lo digo yo, claro está, es una afirmación del propio artista que está bien presente en toda su obra. Las palabras nos separan irremediablemente de los pensamientos, crean cercanías comunicativas tan frágiles como difusas, débiles, manipulables.

Confusión, manipulación. Dos palabras tan presentes en ECAT que, a pesar de lo dicho más arriba, sí que nos traen claramente la idea de lo que el artista quiere contar, evocándonos un universo plagado de significados, significantes, pensamientos adyacentes, realidades tan tangentes y tangibles que el esfuerzo por comprender “Don-de Babel” es mínimo.
Así, nos enfrentamos al reto de explicarnos los significados de una gran torre que guarda silencio, paciente, sin voz pero con palabra, y que espera a ser descifrada por los ojos observantes que pasean entorno suyo. Majestuosa, casi es un monumento denuncia. Nos enfrentamos a África. Realidad dolorosa, cercana y olvidada por el entero mundo.

África pues, elevada sobre el símbolo de una torre muda donde, literalmente, la luz le da la palabra. Textos iluminados que nos hablan de pobreza, enfermedades, de poder. Eso es “Don de-Babel”, una gran pirámide representativa de poder, dueña de una ancha base que aguanta una delgada y pesada cima. Porque de poder habla el artista en su obra, en esta y en otras que también están en la exposición.

En “Límites en Tránsito”, en el “Extremo del mundo”, “El muro alto”, y otros trabajos en los que se centra desde dos mil tres, el poder, ese que mueve ejércitos, que mueve montañas, incluso el que para algunos es de un irresistible atractivo capaz de mover lo peor que hay dentro del ser humano, es motivo y eje de creación.

En el discurso del artista existen numerosos frentes abiertos, temas terriblemente conectados. Sexo, religión, pandemia, muerte a mansalva de lenguas, dialectos y sus afluentes, colonización de pueblos y culturas por mentalidades y mercaderes extranjeros. Estos por citar alguno y no extendernos en la complejidad de una tela en la que se entreteje la problemática de los que están dentro del límite geográfico, los que están fuera, los exiliados dentro, los sin papeles fuera. Complejo es el discurso como fácil la horrible explicación,- horrible por real- , de todo su trabajo. Basta echar un vistazo a cualquier periódico para recibir una información, por supuesto parcial y seleccionada de lo que ocurre en África. El resto lo imaginamos.

La torre africana se tambalea a medida que sobre ella se construyen otras que le son ajenas, las impostoras. Ya la de Babel, la bíblica, se situaba en algún punto del “salvaje” continente, una leyenda, permítaseme la herejía, de la que no hay ni rastro paralelo en la cultura del país entero. Un invento cristiano, pues, en tierra de nadie para comenzar la historia. Nadie reclamará seguro, y si se reclama, pocos son los oídos que atenderán a tamaña invasión, por lo menos emocional, de mitologías inventadas en territorios de nadie. Luzardo habla de la colonización de los pueblos por medio de un lenguaje impuesto, y de la muerte silenciosa de un mundo entero cuando una lengua desaparece. Las desaparecidas en el continente africano son innumerables. De nuevo el poder, que a veces se impone con una violencia tan sigilosa y sibilina que da miedo.

En “Límites en tránsito”, obra precedente muy cercana a “Don-de Babel”, habla de un “no pacto” pactado entre fuertes y débiles, de los que alimentan su poder de la debilidad de los otros. Y en medio de esa espiral medio luminosa que es la instalación, de nuevo, el sexo, la erótica del poder, los límites, lo que se ve y lo invisible, la frontera. El SIDA castigando a la población africana sin medida, la postura de la religión con respecto al uso de preservativos, superpoblación, prostitución…¿Donde están las fronteras? Desde luego son cambiantes. De ahí, la luz negra y blanca que va definiendo y haciendo desaparecer las piezas de la obra, y que no es más que esa línea difusa, propia de una realidad múltiple.
El artista se reserva el uso del color cuando plantea límites bien marcados, cuando las fronteras están más o menos definidas, en obras como “Extremo del Mundo” o “Border”. Fronteras geográficas, claro, porque el interior del continente está poblado por un maremagnum de colores que quizá refleja la riqueza y la variedad del continente en mas de un sentido, etnias, culturas, lenguas…

Dildos de colores, moldes de preservativos en blanco, en negro… Cada instalación está concebida con un trasfondo fálico, que habla de diversidad en todos los sentidos. El de pensamiento, diría yo, como uno de los más importantes. Por ejemplo, “Señas de Identidad”, ojos que miran a occidente, llorosos, preguntones, alineados como si de un juego de bolos se tratase, esperando a ser derivados por la fuerza diestra de los intereses cambiantes que rigen el mundo. Expolio es la palabra que provoca. Y obscenidad, y no precisamente por el objeto usado en cada pieza. Parece que lo obsceno proviene más del robo alevoso que, desde los países del llamado mundo desarrollado, se hace de cualquier recurso valioso del que África es dueña legítima.

Así, “Límites en tránsito” abre la exposición a los pies de la gran nave, preparando para lo que viene después, es una alfombra de belleza circular intermitente, móvil, tiene la dinámica de lo cambiante, del preludio, de lo que calienta a los sentidos para lo que va a venir a continuación. Después las paredes, el discurso “en cuadro”, el “Muro Alto”, dildos giratorios llenos de mensajes tan estáticos como contundentes. Y antes del gran tótem, un pequeño libro de páginas invisibles y punzantes, “La caja blanca”, blanco y clavos. Nada que decir, habla por sí sólo al final de un recorrido longitudinal, que culmina en otro ascendente, el de la gran torre, “Don-de Babel”.

En toda la sala ni una palabra dicha, silencio tan rotundo como atronador, espacio lleno de voces quietas. Parece que el artista quiere que el sentido de lo expuesto no se disperse por el camino del lenguaje hablado, y prefiere el peso de lo no dicho para aligerar la comprensión de lo que se lee en silencio, sin interferencias sonoras.

Mucho es ya lo que evoca la palabra pensada incluso antes de su expresión, demasiadas referencias, demasiados significados interfiriendo. Leyendo a otros que hablan de la obra de Luzardo me doy cuenta que además de las que yo podría traer hasta aquí, las citas son inagotables. De las evocaciones obvias a las más complejas. Babel, la confusión en su sentido más bíblico, más aplastante, quizá el menos interesante, por obvio, pero en el contexto en el que trabaja el artista, no menos que clave y oportuno. Babel, en lengua babilónica, “puerta de dios”. El dios al que aquí nos dirigimos es al que se mueve entre la paradoja y el pecado… dildos, contraconcepción. Hay que elegir entre enfermedad mortal de transmisión sexual o vida eterna. A la iglesia católica no le tiembla el pulso, la respuesta es clara. Luzardo también habla de ello, como de otro significado, “castigo de Jehová”… África castigada, de eso no cabe la menor duda, sólo falta dilucidar si es castigo divino o humano. Parece que más bien lo segundo.

A pesar de la complejidad conceptual de cada pieza, el argumento del artista no se pierde en babélicos laberintos. Una realidad terrible e injusta es la que se presenta en la sala del ECAT. Un vez más, el arte denuncia, se mezcla en los asuntos de lo real con el objeto de mover conciencias, usando la afilada espada de la belleza de una idea como arma única.

Exposición – El Corazon del Sujeto

El Corazón del Sujeto

El corazón del sujeto es una pieza del exterior. Resumen conciso, seguro, claro, más no se puede decir con una frase. Sujeto y predicado que en un buen análisis de lo aprendido, daría para escribir páginas enteras sobre lo que somos, o como en el caso del artista David Maroto, toda una trayectoria dedicada a reflexionar sobre los mecanismos de comportamiento del ser humano.

Corazón, sujeto, pieza, exterior… Para empezar, propondría un collage con estas palabras, teniendo siempre en cuenta que el propio artista plantea en toda su obra un recorte y pega de la realidad circundante adaptada a su quehacer creativo: Corazón exterior. Sujeto pieza. Corazón pieza, sujeto exterior… Si nos empleamos en este ejercicio con el fondo que se merece, el resultado es un puzzle emocional que va desde lo individual y la forma de sentirnos, a lo colectivo y la forma de percibirnos los unos a los otros de una manera inevitablemente recíproca. Psicoanálisis puro, pura terapia expositiva. Y así es la obra de Maroto, un análisis hecho de lo fragmentario.

En función de esa su forma de percibir el mundo, como buen trapecista de lo artístico, se ejercita en el ensayo del salto mortal que significa ocuparse de la reflexión espacio temporal en la creación plástica. Tiempos rotos, o mejor, quebrados, forman parte de una historia en la que la concentración y la agudeza del que mira son también una parte fundamental. Miro aquí, oigo allá… todo en la coctelera de los sentidos, para completar un puzzle cuyas piezas están desparramadas por mano del artista en la sala de exposición. Y la historia está ahí, como un enigma a resolver.

A pesar de lo que pudiera parecer, los componentes de este rompecabezas están bien claros. Varias piezas audiovisuales con autonomía propia, cuyo sentido adquiere su significado total si se es hábil en el arte de la mirada atenta. Sólo queda unirlas para entender toda la trayectoria del artista. La pieza clave, el collage, que es el centro de toda su composición de lugar, la guía que da forma al juguete. Porque quizá es en la parte donde se encierra la esencia de cualquier Todo, la palabra collage, como se puede suponer, no está aquí elegida de una forma gratuita. Una nueva vuelta, o una vuelta más al ejercicio de siluetear y extraer de la realidad como y lo que me viene en gana. En fin, es su realidad, es como lo ve, así y no de otro modo.
Además, lo que también resulta evidente, es que el artista toma del cine y el cómic las herramientas principales para expresar su fragmento narrativo. Así, estos dos medios le dan la posibilidad de fragmentar una historia, que es también fragmentar al individuo que la cuenta, descomponer ese gran todo en partes mas pequeñas para poder llegar a entender una enigmática complejidad total. Que San Freud nos ayude! Porque sin titubeo alguno, el artista nos habla de un vacío existencial humano que va más allá de la perfecta vacuidad como estado ideal. Su vacío tiene que ver con la búsqueda de una identidad colectiva, o individual, que la mayoría de las veces se esconde tras los cristales oscuros del subconsciente. Maldito “yo”, “infra yo”, “alter yo”, o lo que demonios se supone que somos, un mareo lleno de históricas investigaciones pobladoras de libros, manuales y revistas especializadas, para tender en el diván un secreto que posiblemente tenga más que ver con lo divino que con lo humano. Aún así, el artista, armado de lo externo como si de una gubia mágica se tratase, se propone la tarea ingente de indagar en lo que somos, se empeña en rascar un poco la superficie para ver que hay en el interior del hombre.

Y para continuar con una buena costumbre en lo que a lides psicológicas se refiere, la dialéctica del azar para crear, es otra de las herramientas de las que Maroto hace uso en sus narraciones visuales, que no son más que un lío penetrable, por suerte, de textos y fotografías que se empeña en seleccionar a la buena de su mano y su ojo para contarnos el cuento y, como bien diría el maestro Rodari, darle una vuelta gramática a nuestra fantasía. El propio artista habla de que su trabajo está repleto de personajes incompletos. Así el misterio se mantiene, la técnica narrativa se complica, pero la historia gana para el que mira. El desenlace aparece oculto tras una profunda reflexión a cerca de nuestros comportamientos, usos y costumbres.

Siguiendo estas premisas, la instalación para ECAT está formada por varias piezas, como no podía ser de otra manera. Piezas sonoras, cuatro, para ser mas exactos, mas un gran cut-out que preside la muestra desde el ábside de la sala.

Las piezas se encuentran unidas por un hilo conductor tan viejo como lo es la voz humana, y el gran mensaje, como un todopoderoso eslogan, es lanzado, como decía, desde el ábside, donde dos personajes que casi lo cubren todo, parecen estar manteniendo una interesante conversación sobre sujetos, corazones y piezas exteriores. “El corazón del sujeto es una pieza del exterior”, le indica uno al otro, sentenciosa frase que desde el interior de un bocadillo mudo, es el mejor compañero de la imagen como vehículo de expresión. “Frame 04” es el nombre de este cut-out que está acompañado de cuatro piezas mas.
“A Dream_Teeth” de 2008 es una de ella. Un dentista, un peluquero, las luces, un cuerpo fragmentado, un despertador… Todos los ingredientes de esta pieza tienen que ver con una compleja simbología donde los sueños, una vez mas, son los principales elementos a analizar para llegar al meollo de la cuestión. De nuevo, las teorías del psicoanálisis, la vieja interpretación de lo que soñamos, aparecen como un fantasma para poner en imágenes desequilibrios e inseguridades humanas, en este caso, un complejo de castración que aparece entre la fantasía de un cuerpo desmembrado, hecho de pedazos de otros.
“Patchwork Man“, “Puzzle” de 2007 y “An echo”, son las siguientes piezas con las que se completa la exposición.
En “Puzzle”, de nuevo, tres historias paralelas requieren toda la atención del espectador para poder dilucidar que es lo que en realidad se está contando. En imágenes, dos personajes en casi incomprensible diálogo, una cinta que pasa a pie de pantalla donde aparece otro texto, una voz que cuenta una historia que aparentemente nada tiene que ver con las otras dos, una carta del tarot,- los amantes, no podría ser de otro modo- , y un personaje rompiéndose la crisma por poner la última pieza de un puzzle malditamente incompleto, son los parámetros de una obra, donde se pone en práctica la aplastante afirmación de que percibir de una manera total todo lo que nos rodea, es tan imposible como frustrante es luchar contra las agujas del reloj. Simultaneismo, lo llamaron algunos en tiempos pasados. Jugar con el tiempo no es un juego sencillo. Un collage de ideas, parece lo mas acertado hablando de esta pieza.

Y para acabar, “An echo”, una obra donde el arte aparece como tema de discusión central del propio arte. Una escultura en la calle es el motivo de debate. Dos amigos discuten a cerca de la escultura de la discordia. Arte en la calle? Abstracción, o figuración?… preguntas como esta y otras mil pueden ser la causa del diálogo, pero a Maroto le interesa una vez más algo que está fuera del alcance de los elementos exteriores, centrándose en los modos de comportamiento humanos que, regidos por esa vida interna que nos lleva a todos, nos mueve a relacionarnos con los demás y con nosotros mismos de determinada manera. En este caso, se habla más de algo que a más de uno le ha sucedido en alguna ocasión. Tras defender una idea determinada y ser refutada por algún interlocutor, hemos tenido que ver como poco después ese mismo interlocutor defiende nuestra propia idea, esa a la que se mostraba contrario en un principio. “Donde dije digo…” reza el refrán.

En conclusión, si se pretende apreender la exposición de David Maroto de un débil vistazo, el éxito de la empresa está difícil. Piezas presuntamente deslavazadas son las que componen una muestra, que para ser plenamente comprendida, precisa de urgencia una mirada implicada en poner los cinco sentidos para degustar, con buen ojo, cada uno los ingredientes del banquete audiovisual que el artista a puesto sobre el mantel del ECAT. Acaso se percibe de otro modo la realidad cada vez más confusa y recargada que nos rodea?

Exposición – Desconocido N1

desconocido nº1

“Me siento a mí mismo en la ciudad y la ciudad existe a través de mi experiencia encarnada. La ciudad y mi cuerpo se complementan y se definen uno al otro. Habito en la ciudad y la ciudad habita en mí”. Estas palabras de Juhani Pallasmaa, describen de algún modo la importancia que para muchos artistas, no necesariamente arquitectos ni vinculados a la arquitectura de una manera académica, tiene la urbe como motivo principal de trabajos y reflexiones de muy diversa naturaleza. Es el caso de Jota Izquierdo. La mayor parte de su obra está ligada a una ciudad, y la del ECAT no podía ser menos. Vamos a hablar de ella enseguida, y también de Pallasmaa, y de arquitectura, y de instalación, y de protección, de oros y platas, y de piel…

Entonces, la ciudad, como decía. Vinculado a lo urbano, Izquierdo actúa en el tejido de la ciudad desde muy temprano en su carrera. Los años noventa están plagados de intervenciones que tienen al urbanita como protagonista. La percepción de lo que nos rodea, el problema de las realidades y los realismos, tema central en toda la historia desde que el arte es arte, es retomado desde la mas moderna conciencia de lo social, de ser parte de la comunidad, y de una realidad poliédrica que tiene tantas aristas como ojos miran.

Experimento y experimentador casi son uno en trabajos como “Le Voyageur”. Y digo experimento porque, como si de un creador de alquímicos artilugios se tratase, el artista sale a la calle armado de uno de sus inventos, para jugar a mirar y ser mirado a través de un crisol que muestra la realidad confundida en la mezcla de lo cotidiano. Así, toma la calle con el rostro cubierto por un artilugio metálico reflectante de imágenes, dotado de un visor gracias al cual se recogían las figuras de los paseantes que accedían a la petición de Jota de hacerle una fotografía. Las cualidades mágicas de la máscara, que en otro tiempo tanto dieron que hablar en el arte contemporáneo, aparecen aquí como la táctica a seguir para embaucar al viandante que no puede ver la cara del artista. Como moneda de cambio, es el fotógrafo de paso el que queda registrado, o en el peor de los casos, la luz del flash de su improvisada cámara. Jota se esconde tras un contraluz que le permite observar sin ser observado.

En “La mirada circular”, también de los noventa, invierte los papeles. Gracias a un espejo de doble cara instalado en el artilugio facial, el peatón es ahora el observador. El artista pasa de espía a ser espiado, un bucle perceptivo que también se da en otras obras como “El mirador”, donde Jota se monta un campo de juego en medio de la ciudad, del que es imposible hacer uso. Como vemos, significados y significantes aparecen confundidos por el ingenio del artista inventor.

Otra obra de esos años, “Tout va trés bien”, también sitúa al artista en la calle. En esta intervención, deja su disfraz de alquimista y se convierte en repartidor de sonrisas. Eso sí, la máscara mágica sigue siendo el elemento catalizador de la fórmula, por medio de la que se produce el hechizo comunicativo entre espectador y artista. Las máscaras repartidas durante la perfomance, tenían un número de teléfono al que se podía llamar para hacer comentarios y opinar a cerca de su propuesta… “de verdad, todo va bien?”

El compromiso social que el artista adquiere en estas obras no deja de aparecer en otras de la década siguiente. El magnífico cambiazo que Jota da en “La señal” es un buen ejemplo. Un anuncio publicitario sustituido por una señal de peligro. Dos más dos, cuatro. Los peligros de los medios de difusión, de información malformada, también en “Gulf war movie”, donde la más rabiosa actualidad y el más riguroso directo, aparecen en un vídeo que recoge imágenes de la CNN a tiempo real. Imágenes y sonido modificados con técnicas de disjockey. De nuevo las cuentas cuadran. La manipulación de la realidad entra a diario en nuestras casas, una molesta rutina que se da en cuanto prestamos atención a nuestras pantallas o abrimos un periódico.

El ojo como elemento central, está en estas obras como lo está en la instalación que hace para el ECAT, pero en ésta el espectador, el que mira y percibe, no sólo será importante por sus ojos.

La ciudad, lo arquitectónico, el ojo… Tres factores que han aparecido sin otro propósito que explicar que la obra del ECAT no es una isla en medio de su quehacer creativo. La reflexión que de lo urbano relacionado con la arquitectura y sus habitantes hace en “Desconocido nº1” ya estaba en otras instalaciones anteriores. “Hombres como vacas”, por ejemplo. Como en Toledo, Izquierdo modifica un espacio interior, en este caso, una planta vacía del edificio Metro de Valencia. De este modo, plantea un nuevo espacio arquitectónico dentro de una arquitectura “real dada”. Lo efímero de los lugares que crea, se solapa con la perpetuidad del espacio que quedará más allá de la duración de la exposición. Pues en este edificio, Jota inventa una arquitectura tan pasajera como frágil. Utiliza papeles de colores para los improvisados muros con el fin de ocultar la verdadera estructura de la habitación cegada, cuya luz al exterior viene dada por la proyección de diferentes ventanales que muestran el ir y venir de los habitantes de la periferia de la ciudad. El edificio se convierte así en una especie de tótem, un elemento alrededor del que suceden las cosas, del que se desarrolla el tejido urbano. Una película en la que la banda sonora es el sonido de las máquinas que trabajan en la transformación del lienzo que rodea la ciudad.

El sonido junto a la transformación del espacio también estaban en “Why be blue?” o “Cuando haces pop ya no hay stop”. En la primera instalación, una sala de la casa de cultura de Picasent en Valencia, se convertía en una estructura cúbica que aislaba un piano donde se improvisó el tema del grupo musical New York Suicide. En la segunda, el espacio expositivo se vio modificado por la instalación de más de un millar de bombillas de feria, que distribuidas por toda la sala, generaban un lugar marcado por el calor que desprendían las luces. El calor era recogido por un extractor cuyo ruido, contribuía a la incómoda permanencia en la estancia donde se montó esta exclusiva fiesta popular.

Transformación del espacio, pues, arquitectura dentro de arquitectura. Y más que en ninguno de sus trabajos, en “Desconocido nº 1”, una instalación que Izquierdo concibe para el ECAT teniendo en cuenta, una vez más, la ciudad donde va a instalar. Así, se sitúa en una de las ciudades con más tradición artística y cultural de nuestro país, con una obra que es casi una muñeca rusa arquitectónica. Plantea un nuevo espacio dentro de la sala de exposiciones, otra de sus arquitecturas efímeras construidas para la ocasión, una estructura a dos aguas que enmascara la construcción verdadera. Esta liviana cáscara, está hecha a base de mantas térmicas, de esas que se utilizan en casos de emergencia para dar cobijo a heridos y víctimas. Así las cosas, parece que comenzamos a darle forma a un concepto, o más bien, a los múltiples significados que su pieza adquiere sólo por el material elegido.

El primero de los significados, el de protección. La arquitectura real se encuentra ahora protegida, más que enmascarada, por el calor que proporcionan unas telas, que montadas sobre bastidores, se mueven ligeramente gracias a tres ventiladores situados entre el edificio de piedra y el improvisado. El que pasea por la sala, se encuentra acunado por un suave terremoto, un balanceo que ofrece una inestabilidad falsa a los estables cimientos. Esconder o proteger. De la máscara al abrigo.

Y todo, haciendo homenaje al pintor que, me atrevo a decir, es símbolo de la ciudad. Esta obra es la particular visión de Izquierdo de otra visión, la del Apocalipsis según El Greco. Paños quebrados en el cuadro, y telas quebradas en su instalación. Personajes pintados que, según el artista, parecen estar pidiendo ayuda envueltos en unos ropajes cuyas aristas claman al cielo. Lo mismo, esas telas térmicas del ECAT, en las que la lisura que poseían dobladas, se ha perdido para romperse en mil filos. Pliegues quebrados, como quebradas están las gentes que necesitan ser cubiertas por semejantes paños.

Otro significado más. Los sentidos. Telas de doble cara que cubren necesidades opuestas. Necesidad de calor que da la parte dorada, o de frío que da su reverso de plata. Así es la tecnología, a veces hacedora de magias como ésta. El sentido mismo de lo que vemos, nos regala unas sensaciones que erizan la dermis. Y es una segunda piel lo que propone Jota en la instalación. De piel en la arquitectura no faltan teorías. Telas colgando majestuosas de las paredes de los templos, decoraciones incisas en la propia pared de muros de todo el mundo. La arquitectura del ECAT se trasluce a través de las mantas… La piel de la arquitectura, el tacto de la piedra y la mano sobre el espacio que habitamos, cuando la primacía del ojo sobre el resto de los sentidos se pone en cuestión. Ya Buñuel rasgó las cortinas de una famosa retina a la vista de todos. Y Descartes, que identifica el ojo con el tacto como el más certero de los sentidos, y la existencial ocularfobia de Sartre, y “Los amantes” de Magritte, beso a cara cubierta, y los ojos en las manos de Beyer en el “Metropolitano solitario”… El tema daría para largo, las referencias son infinitas.

Entonces la relatividad de la mirada, de eso también habla Izquierdo en esta especie de refugio protector. De eso, y de las realidades escondidas que salen a la luz gracias a la obra de arte y a la propia percepción del espectador, capaz de crear verdades tan absolutas y válidas como las que crea su compañero de paseo.

De los ojos de la piel hablaba Pallasmaa, que si he traído hasta aquí desde el inicio de estos párrafos, no ha sido por capricho o azar. Toda una eminencia en arquitectura, tejidos urbanos, manos y ojos dice: “La inhumanidad de la arquitectura y la ciudad contemporánea puede entenderse como consecuencia de una negligencia del cuerpo y de la mente, así como un desequilibrio de nuestro sistema sensorial… el proyecto moderno ha albergado el intelecto y el ojo, pero ha dejado sin hogar al cuerpo y al resto de los sentidos, así como a nuestros recuerdos, sueños y nuestra imaginación”.

Exposición – El Topo y la Anguila

“El Topo y la Anguila”. Diego del Pozo

AMOR. Palabra clave en toda la obra de Diego del Pozo. Amor mayúsculo, el que fluye por ese circuito cerrado de energías que va de los ojos a los ojos, de las manos a las manos, del gesto al gesto, de la caricia a la caricia, del uno, que soy yo, al otro, del que soy espejo y reflejo… ser en uno.

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“El topo y la anguila” es la metáfora, una fábula contemporánea sobre cazadores y presas, sobre héroes y anti-héroes, sobre la robótica de un ecosistema artificial creado únicamente en función de los peores fines lucrativos. La exposición es la puesta en escena de un “cuentito” profundo y desgarrador, situado en la geografía de una pequeña isla universal entre los márgenes de dos ríos. El tema recurrente pasa por la magia de las relaciones humanas intercambiando posibilidades de vida y lucha, y enfrentándose al peligro de ser devoradas por las balas del canibalismo político. Esto ocurre, como era de esperar, en uno de los contextos más propicios que el hombre ha podido inventar, para que la atrocidad y el alejamiento de lo natural, se desarrolle sin límite imaginado: una guerra.

Entre objetivos militares y puntos de mira, respira atrincherada la moraleja que nos enseñan los que se deslizan con sigilo por tierra o por agua. Son el topo y la anguila encontrándose, reconociéndose, para no sucumbir ante las necesidades-mentira impuestas por la política y la economía internacional, necesidades que, sin duda alguna, responden a intereses beneficiosos para unos pocos, para “los más fuertes” de las sociedades ricas y modernas. Sobrevivir, hacer de la vida un intercambio generoso cuando todo lo que nos rodea es hostilidad. Esa es la apuesta del artista.

La instalación habla de la realidad indigna de un “sálvese quien pueda” cuando más cruda se torna la batalla, pero también, como no podría ser de otra forma, y siguiendo la dinámica que alimenta toda su obra, es de amor de lo que verdaderamente está hablando. Amar como antídoto al mal venenoso de la codicia, como cura y salvación para el hombre convertido en destructor de sí mismo. Así, reflexiona a cerca del intercambio altruista entre seres humanos, incluso y sobre todo, en momentos de extrema dificultad. La mejor estrategia para ello es crear lo que llama “cadenas de producción de afectos” para que el éxito, para que el ganador de la carrera de fondo o de velocidad que es nuestro día a día, sea lo emocional. El sentimiento más limpio, puro y duro subiendo a lo más alto del podium.
La retórica de la historia, un lenguaje que mezcla entre las líneas de su discurso, términos protagonistas de la sección de negocios de cualquier periódico del mundo, con los conceptos más repetidos en los poemarios y novelas de cualquier escritor rendido al mundo de lo sensitivo. Gracias a este perfecto sortilegio, la relación entre economía y afecto vuela a sus anchas por la sala del ECAT, de una a otra de las proyecciones que forman la video- instalación, y de ahí a los dibujos, mapas y esquemas que cuelgan de las paredes laterales.
Una de las pantallas, la más pequeña, parlotea sin cesar, majestuosamente estática, y a ritmo de voz en off, toda una serie de imágenes mudas cuya sucesión se expresa por sí misma: Competiciones deportivas entre trajes y corbatas cuchicheantes nos hablan de la derrota, el grito, el éxito de las banderas, de sonrisas que sudan hipocresía y grasa adinerada, sueños salidos de los bolsillos interiores de americanas de diseño, todas iguales, eso sí, niños rezando a un dios inventado por sus mayores, armas de destrucción masiva bien a la vista, padres occidentales que tapan los ojos de sus hijos delante de los noticiarios en la sobremesa, cuerpos perfectos examinados por el “doctor triunfo”… Y todo ello, en magnífico contrapunto con lo que sucede en la pantalla grande, al fondo, a poca distancia: Anti-héroes y héroes. La medalla, todo dispuesto según una iconografía poblada de aquellos dispuestos a la carrera. De fondo, gráficos que nos hablan de varemos, tablas y progresiones de ascendencia y caída en picado de la economía mundial.
Nuevos iconos para una nueva sacralidad, en templos construidos meticulosamente con monedas de oro. Pero la voz que nos cuenta la historia lo inunda todo, deliciosamente machacona, insistiendo en otro relato, el verdadero, el del trueque voluntario y furtivo, a falta de luz sana, que da la clave para una salvación que nada tiene que ver con lo divino, por muy bendita que ésta sea. La salvación única está en la fe ciega y la seguridad plena en el vínculo de confianza creado entre los seres capaces de intercambiar, entre este topo y aquella anguila. No dudar de esto, conduce a la salvación, sin duda.

Los dibujos laterales, la serie “Cadena de afectos” y la serie “Islas” se mezclan con mapas emocionales en una nomenclatura de búsqueda de lo sensitivo, del tacto, de la transmisión de lo humano desde lo humano. Te beso, te arropo, te adorno, te curo, te sonrío… frases bien sencillas que contienen la substancia de la que se compone toda la obra de Diego del Pozo.

Echemos un vistazo a su trayectoria. “Ciberlovers Conversation”, uno de sus videos de 2008, nos hace tener una perspectiva más clara y amplia de lo expuesto en líneas anteriores. “Se trata de sentir”, dice, pero sentir desde posiciones menos obvias, aprender nuevas formas de sentir al otro y a uno mismo. “No nos tocamos… te acaricio con mis ojos”. Es más, si miramos otros trabajos, vemos que esa cadena de producción de afectos de la que habla en la video-instalación de ECAT, está elaborada de algo aún más universal, si es que hay algo más común que la necesidad de amar y ser amado. Esa necesidad tiene un parentesco de cercanía absoluta con el sentimiento más profundo de soledad. Amor y soledad. Dos de los temas que mas se repiten en la historia de la psicología humana desde que el hombre es hombre.
“Pieza para orgía y fábrica”, también de principios de dos mil es un buen ejemplo de esto, aunque cualquier pieza del artista está teñida de esa melancolía, de ese anhelo. Para muestra, juguemos a “Cuatro amantes/ Cuatro Inversiones” (2003), una propuesta en la que podemos poner a prueba las relaciones de placer y deseo, las distancias que nos separaran de ambos conceptos, las que nos acercan. Podemos jugar a cuán triste puede resultar mercantilizar nuestras emociones, mientras suenan las canciones más melancólicas de la historia, elegidas por un listado de personas proyectado en la pared. Y si nos cansamos de este juego de mesa, podemos continuar con otro guiño sonoro, y plantearnos “Desear amar a otro”, una instalación de 2001 en la que el espectador mismo acciona el mecanismo de dos cajas de música, y pone así en marcha, toda una reflexión a cerca del amor como una quimera alrededor de la que el ser humano no deja de dar vueltas. Un ritmo circular de frustración y dolor al que volvemos con demasiada frecuencia. O quizá podemos cambiar la fisionomía de nuestro amado como en “Los cambios de tu rostro”, vídeo de 2006, cambios que quieren cumplir las expectativas de un amor imaginado queriendo ser carne y hueso…
Sea con la forma que quiera, en todo su trabajo es una constante el manejo de emociones encadenadas. Éstas nos llevan de una a otra de sus obras en un tono de susurro y media luz, que propicia el encuentro íntimo y el intercambio de secretos emocionales de espectador a artista y viceversa.

Imágenes de deseos y deseo proyectado. Mientras las bombas silban sobre sus cabezas, “El topo y la anguila… intercambiaban medicinas, alimentos, libros, correo, investigaciones y proyectos, según las necesidades de cada orilla… a veces hacían el amor, no sólo lo hacían por placer, era un acto impulsivo”
“Querer es un viaje violento hacia lo real” se escucha en algún momento en alguna de sus obras, sentencia fulminante ante la que me parece que hay poco o nada que decir.

Exposicion – Buscando la postura

Maite Camacho. “Buscando la postura”

Habitar, donde está nuestro lugar, donde termina mi espacio y empieza el del otro, cuales son los espacios que ocupamos, que vivimos? Estas cuestiones y otras semejantes, son propias de un grupo de artistas nacidos a finales de los años setenta, cuyas obras están repletas de reflexiones a cerca del hogar, de nuestra situaci?n frente a lo público, a lo privado. Maite Camacho pertenece a esa generaci?n. En su obra, una combinaci?n apropiada de FOTOGRAFÍA, instalación sonora, v?deo o escultura, le sirve para teorizar y plasmar su preocupaci?n por inc?gnitas particulares despejadas a base de un eclecticismo t?cnico, que casi es un sello de identidad.
Simplificando mucho, su trabajo en ECAT es una muestra de esto. El elemento estrella: la silla, unidad mÁnima de una mayor extensi?n de conceptos, símbolos y met?foras, que ofrecen al espectador su punto de vista sobre temas avocados a una universalidad indiscutible. As?, en su obra que va de lo particular a lo colectivo, y viceversa, la propia artista está presente como rePresentación del individuo y como rePresentación del género humano.
A la idea de habitar, se suman otras desarrolladas con igual sensibilidad y cuidado. La fragilidad propia del mortal que se aleja del para?so de lo divino, para actuar, tropiezo tras tropiezo, en un escenario lleno de trampas, paradojas y jaulas de oro, que ?l mismo va construyendo de forma involuntaria y casi autom?tica. Y de Ahí, una labor ingente, desmadejar la mara?a carcelaria en la que ubicamos nuestra propia libertad, intento que en la obra de Maite estaRía ligado a una poes?a atmosf?rica con aroma a desesperanza, aderezada de unas gotas de escepticismo, respecto al triunfo sobre la tit?nica empresa.
En “Buscando la postura” escribe la historia de un hombre que sentado en una silla existencialista, siente en carne propia esa nausea de la que nos hablaba Camus hace ya tiempo. Vers?til buscadora de alfabetos, cualquiera de ellos le parece v?lido para dibujar su discurso. Lo mismo trabaja tallas hechas a partir de lo que llama “?rboles abandonados” para hablar de “los sin ra?ces”, que vuela tejados de casas, que con la claridad de un libro abierto, nos explican n?tidamente que la casa, al igual que las sillas de la exposició de ECAT, es una met?fora, una transposición inerte del hombre y su sencillez exterior, envolviendo una complejidad interna que es la que verdaderamente le califica, le nombra, le hace existir.
Pues esas ra?ces flotantes, esas que no encuentran suelo hogar donde fijar descanso, aparecen también cuando trabaja en dibujos de sencillas casas a?reas sin cimientos definidos, cuerpos geom?tricos contenedores de una enredadera mat?rica más org?nica, que es símbolo de esa dificultad interior nuestra que tantos dolores de cabeza nos produce. Y en un buscarle tres pies al gato, lanza un hechizo sobre la gris?cea prosa vital humana, para ocuparse también de lo intangible, de nuestros sueños transubstanciados en deseos constantes. “sueño dorado”, “Descabezar el sueño”, “Entre sueños”, son alguna de las caras que le pone a ese “hombre casa”, cuyo interior es un confortable refugio y escondite de miedos, de luces, sombras, deseos de comunicaci?n, de construcci?n de un proyecto de felicidad que es quimera y prop?sito final de cualquier hijo del barro divino.
Camacho toma al hombre como centro de su universo, lo muta en objetos con significado propio, lo hace sentarse en malas posturas, lo moldea. Toda su obra está repleta de referencias a la anatom?a de nuestra vida emocional. “Fragilidad”, un ejemplo de cómo la artista construye un ser humano casi perfecto – como filmaRía en los sesenta Jorgen Leth, inmejorable en su blanco y negro- . Disecciona el cuerpo, lo corta y reduce a pequeñas unidades ricas en labilidad y esencia fugaz. Otro paradigma de lo mismo es “Seres embotellados”, una instalación del año dos mil, en la que Maite nos encierra en tubos de ensayo, el hombre luchando contra las paredes de una inc?moda prisi?n de muros transparentes donde el aire brilla por su ausencia. Enloquecidos, la instalación, que además fue pensada para ser expuesta en un escaparate, es el espejismo de un deseo, el sueño de libertad absoluta. Su propio sueño en “Cuerpo Jaula”, serie de dibujos del 2004, en los que sin pudor, hace un literario desnudo parcial, y nos muestra con sumo cuidado, un cuerpo fr?gil hecho de un entramado de alambres que se camuflan bajo el peso corp?reo de su falda.
Rasca un poco en esa tela, y además de imágenes que son una auto-radiograf?a descubridora de su dolor, miedo, rabia, ausencias, – en definitiva un precioso “Impresiones. Libro de artista” -, encontrar?s a un ser humano loco por poder elegir libremente su propia senda, su propio trozo de tierra en el que ubicarse y hacer confortable nido, un cuerpo de alambre con alma de mujer, deseante de encontrar por fin la postura.
La exposició de ECAT es todo un repertorio del sentir humano construido a partir de un espacio que, por sus condiciones, cobija y ofrece solidez a la instalación de la artista. El altar, es el teatrito donde se representa la comedia de vivir esperando. La escenograf?a, una amalgama de sillas cuentacuentos, parlotean sobre el correr de su suerte, rotas junto a sanas, tapiceRías ajadas que delatan un pasado glorioso sobre otras de severos y agujereados respaldos? Camacho habla de la naturaleza inherente de este objeto, que no es más que el negativo de la postura humana, un malabar de concavos-convexos para situarnos en la inc?moda espera de un actor confuso y agotado de buscar lo que no llega, de esperar a un Godot del siglo XXI. Mientras, hace equilibrios existenciales sobre una pata de madera, se balancea desgastado de matar horas fugaces, que pasan desapercibidas entre la rutina y el absurdo desenfreno de la vida diaria. La propia artista califica la din?mica de nuestra realidad como la que gobierna “el juego de las sillas”. Seres humanos desesperados por encontrar su asiento, movi?ndose a toda velocidad? que otro ocupe su lugar, es perder. Atenci?n infatigable en la carrera del otro, competici?n delirante que hast?a y deja sin aliento. Mi silla, mi espacio vital.
En estos términos habla también de l?mite, de la frontera que nos separa de los otros, una REFLEXIÓN a cerca de la incomunicaci?n y la soledad, que culmina en el “Almac?n virtual de sentimientos”, una efem?ride que Camacho inventa para la “net-art” como aut?ntica llamada al género humano, respuesta a la necesidad de comunicaci?n, de intercambio, y de eliminar aranceles entre emotividades que en todos, no nos enga?emos, toman fisionom?as gemelas.
“Habitar”, que es el proyecto en el que se inserta “Buscando la postura”, es una gran monta?a de deseos, de ganas de encontrar de nuevo la casa, la ra?z, el trozo de tierra. Necesidad humana, levantarse y caer, es quiz? la expresi?n que mejor lo define? Y la silla se rompi? de tanto intentar casar, encajar, emparejar mitades, de unas que están rotas, con otras que están deslavazadas y perdidas. Cambiar el final del cuento es un verdadero reto para el ocupante de tales asientos, encontrar un punto de apoyo sobre el que mover c?modamente su mundo, para encontrar la calma de un balanceo vital que acune, y no agite.
Intenta arreglar una silla rota si eres valiente. En última instancia todo tiene arreglo, dec?a Jean Cocteau, todo, excepto la dificultad de ser, que no lo tiene.

Exposicion – Marchito

Miguel Ángel Fernández. “Marchito”.

Su lienzo, su pared. Y contra ella, crear en soledad vida pintada, pintar una naturaleza muerta. Vivir y morir, y entre medias un marchitarse, una suma de días que restan vida, una suma de alientos que menguan minutos hasta el último suspiro.

“Marchito” es la consecuencia pensada por un francotirador artista que dispara catarsis pura y dura. Pintura a discreción, pintura de munición estrellada, que no cósmica, sino de la que golpea y estalla Belleza contra la pared del ECAT. Un acto de violencia que produce beldad desde el momento mismo de su concepción en el papel. Y es que la obra de Miguel Ángel Fernández es eso, un acto, una acción llevada a cabo con furtiva alevosía planeada casi por un fantasma, que crea a solas, siendo su acción no un medio para un objetivo final, sino parte exacta y esencial de lo que más tarde el espectador mirará con ojos nuevos.
A solas, como digo, se reúne con su proyecto en la sala, y comienza a preparar lo necesario para purificarse de esa idea cocinada en lo más recóndito de su sistema creativo. El exorcismo de una emoción empujada al exterior a fuerza de pintura literaria, arte de acción y un punto de mira fijo sobre una pared que va a ser depositaria de una forma, que de por sé ya tiene un bello contenido. Este es el modo de actuar de este artista invisible, el modus operandi con el que sella sus lienzos. En “Marchito” como en otras de sus intervenciones, el espectador que entra en la sala de exposició se encuentra con los restos de un suceso, se topa de bruces con indicios suficientes para reconstruir lo que ha pasado en su ausencia. Se enfrenta no con el resultado, sino con los restos del naufragio. Todo un enigma a resolver. Huellas del “crimen” político dispersas por todo el escenario expositivo, rastro rompecabezas en el que una vez encajadas todas las piezas, se descubre un maravilloso mural. Una flor se ha marchitado sobre la pared antes de gozar de la vida: Esa es la víctima.
Casquillos de pintura y pequeñas botellitas de oxígeno dispersas en el suelo, nos hablan de un artista situado a justa distancia de su objetivo, apostado, ojo certero en el punto de mira de un arma que ha desaparecido de escena: Un rifle de aire comprimido, intuido que no presente, disparó una marea de pétalos marchitos deslizantes, escurriendo por una pared blanca.
Un par de principios más son el tema del retablo que se sitúa en la gran pared curva: El primero, y de casualidad, un principio de causalidad, y el segundo, uno de incertidumbre, el de acierto-error. Dos pautas clave para un tAhír experto en naipes marcados por el libre albedrío del material que usa sobre la superficie elegida. Caiga donde caiga, ese será su sitio.
Para “Marchito” parte de un preciso boceto en papel milimetrado donde dibuja las flores que, Después, serán cosidas a punto de inofensiva bala sobre el muro. Encaja el dibujo en un sistema cuadricular sobre el que señala el centro, objetivo que se teñirá de pintura en la retícula gemela dibujada sobre el estuco blanco. Esto, si el disparo es certero y un mal pulso o el azar no lo desvía. Cruza dedos y se hace una promesa: “nunca efectuar dos disparos para la misma diana”. sólo se permite una oportunidad para el acierto. Del error también se aprende, del error también nace la hermosura imperfecta de una grieta abierta a base de metralla ordenada de izquierda a derecha, que chorrea, se escurre, se desliza gravitatoria pared-cuesta abajo.

Y más flores, éstas rosas acotadas, delimitadas en su serie de dibujos “recreación”. De nuevo la fragilidad entre tangencias, para hablar de cómo el hombre intenta la absurdez de intervenir plenamente en asuntos que sólo competen a la madre naturaleza. ésta sigue, ajena, su discurso imparable. El hombre nace, crece, se reproduce, y lo demás, ya lo sabemos, es una de las primeras lecciones que recibimos de niños.
La obra de Miguel Ángel, para mi gusto y muy al contrario de lo que podRía parecer, está llena de un aliento vital conmovedor. Habla de la vida que se extingue, pero también es capaz de celebrar cada minuto extinguido.?Que es si no “Sombras”? En esta acción de nuevo se enfrenta a la pared, el artista contra un muro blanco que se dispone a recibir, y nunca mejor dicho, un soplo insuflador de vida creativa. Mejor, más de diez mil soplos de aliento de artista, que es el material principal del que está hecha esta acción-mural. Tantos, como días de vida tenía en el momento de realizar la acción, festejando ese su respirar cotidiano. Su respiración convertida en pompas de jabón teñidas de tinta negra. Es la forma con la que escribiá su autobiografía, hecha de aire, concentración y silencio. De nuevo la catarsis, y de nuevo un aroma a tristeza existencial de grado oscilante, entre restos de aliento vital, soplos jabonosos y lágrimas negras cayendo a portazos contra el suelo. Lo que queda en el muro, un horizonte en degradación de grises que una vez más son la huella,- como en “Marchito”-, de una ausencia anunciada.

Mas de diez mil días, veintinueve años, veintinueve velas congeladas pendiendo de una pared, derritiéndose lentamente, creando ríos verticales que desembocan en el océano-suelo de la sala de exposición. El color, el blanco y negro para otro vestigio de su existencia, éste corriendo loco pared abajo, hacia el charco reflectante-espejo de la mancha generada,- una vez más gracias al amigo azar-, al final del muro. La mancha y su reflejo, casi parecen el resultado de un test pseudo-psicológico, donde positivos y negativos de formas casuales, son la CONCLUSIÓN final de un proceso que partiá de una forma bien hecha: de unas especiales velas sacadas del refrigerador de los años cumplidos, convirtiéndose en un transcurso de vida discurriendo. años derretidos por el calor de la vida, abren grietas en la pared hasta finalizar su ciclo. Y el espectador, si es paciente, asiste al proceso dueño del tiempo de espera en que el milagro se produce. Eres cera y en senda de tinta vivida te conviertes. “Cirios”, se llamó esta acción.
“Y la noche alumbraba la noche” dice el maestro Roland Barthes. Si tengo que elegir, como él, también me quedo con la claridad sobre lo negro, y hago que el concepto de mutación luche contra el concepto lánguido de lo marchito. No quiero ver muerte en la obra de Miguel Ángel Fernández, prefiero pensar en una transformación de lo vivo avanzando hacia una insurrección definitiva, que venza a la noche más oscura del alma mortal. “Marchito” o el elogio de la fragilidad de la existencia. Es cierto como verdad es la vida, un manojo de flores reunidas para marchitarse solas o en compañía. Lo hemos visto veces infinitas, lo que tiene una efímera duración, eternizado por el pincel de casi todos los maestros artistas, en un desesperado “carpe diem” o todo lo contrario. Lo vivo, la muerte, la suma de los días, la resta de las horas extinguidas, de los segundos robados a un minutero inexplicable. Una imagen vieja de historia. Naturalezas muertas que el arte hace vivas.