Exposición – El Corazon del Sujeto

El Corazón del Sujeto

El corazón del sujeto es una pieza del exterior. Resumen conciso, seguro, claro, más no se puede decir con una frase. Sujeto y predicado que en un buen análisis de lo aprendido, daría para escribir páginas enteras sobre lo que somos, o como en el caso del artista David Maroto, toda una trayectoria dedicada a reflexionar sobre los mecanismos de comportamiento del ser humano.

Corazón, sujeto, pieza, exterior… Para empezar, propondría un collage con estas palabras, teniendo siempre en cuenta que el propio artista plantea en toda su obra un recorte y pega de la realidad circundante adaptada a su quehacer creativo: Corazón exterior. Sujeto pieza. Corazón pieza, sujeto exterior… Si nos empleamos en este ejercicio con el fondo que se merece, el resultado es un puzzle emocional que va desde lo individual y la forma de sentirnos, a lo colectivo y la forma de percibirnos los unos a los otros de una manera inevitablemente recíproca. Psicoanálisis puro, pura terapia expositiva. Y así es la obra de Maroto, un análisis hecho de lo fragmentario.

En función de esa su forma de percibir el mundo, como buen trapecista de lo artístico, se ejercita en el ensayo del salto mortal que significa ocuparse de la reflexión espacio temporal en la creación plástica. Tiempos rotos, o mejor, quebrados, forman parte de una historia en la que la concentración y la agudeza del que mira son también una parte fundamental. Miro aquí, oigo allá… todo en la coctelera de los sentidos, para completar un puzzle cuyas piezas están desparramadas por mano del artista en la sala de exposición. Y la historia está ahí, como un enigma a resolver.

A pesar de lo que pudiera parecer, los componentes de este rompecabezas están bien claros. Varias piezas audiovisuales con autonomía propia, cuyo sentido adquiere su significado total si se es hábil en el arte de la mirada atenta. Sólo queda unirlas para entender toda la trayectoria del artista. La pieza clave, el collage, que es el centro de toda su composición de lugar, la guía que da forma al juguete. Porque quizá es en la parte donde se encierra la esencia de cualquier Todo, la palabra collage, como se puede suponer, no está aquí elegida de una forma gratuita. Una nueva vuelta, o una vuelta más al ejercicio de siluetear y extraer de la realidad como y lo que me viene en gana. En fin, es su realidad, es como lo ve, así y no de otro modo.
Además, lo que también resulta evidente, es que el artista toma del cine y el cómic las herramientas principales para expresar su fragmento narrativo. Así, estos dos medios le dan la posibilidad de fragmentar una historia, que es también fragmentar al individuo que la cuenta, descomponer ese gran todo en partes mas pequeñas para poder llegar a entender una enigmática complejidad total. Que San Freud nos ayude! Porque sin titubeo alguno, el artista nos habla de un vacío existencial humano que va más allá de la perfecta vacuidad como estado ideal. Su vacío tiene que ver con la búsqueda de una identidad colectiva, o individual, que la mayoría de las veces se esconde tras los cristales oscuros del subconsciente. Maldito “yo”, “infra yo”, “alter yo”, o lo que demonios se supone que somos, un mareo lleno de históricas investigaciones pobladoras de libros, manuales y revistas especializadas, para tender en el diván un secreto que posiblemente tenga más que ver con lo divino que con lo humano. Aún así, el artista, armado de lo externo como si de una gubia mágica se tratase, se propone la tarea ingente de indagar en lo que somos, se empeña en rascar un poco la superficie para ver que hay en el interior del hombre.

Y para continuar con una buena costumbre en lo que a lides psicológicas se refiere, la dialéctica del azar para crear, es otra de las herramientas de las que Maroto hace uso en sus narraciones visuales, que no son más que un lío penetrable, por suerte, de textos y fotografías que se empeña en seleccionar a la buena de su mano y su ojo para contarnos el cuento y, como bien diría el maestro Rodari, darle una vuelta gramática a nuestra fantasía. El propio artista habla de que su trabajo está repleto de personajes incompletos. Así el misterio se mantiene, la técnica narrativa se complica, pero la historia gana para el que mira. El desenlace aparece oculto tras una profunda reflexión a cerca de nuestros comportamientos, usos y costumbres.

Siguiendo estas premisas, la instalación para ECAT está formada por varias piezas, como no podía ser de otra manera. Piezas sonoras, cuatro, para ser mas exactos, mas un gran cut-out que preside la muestra desde el ábside de la sala.

Las piezas se encuentran unidas por un hilo conductor tan viejo como lo es la voz humana, y el gran mensaje, como un todopoderoso eslogan, es lanzado, como decía, desde el ábside, donde dos personajes que casi lo cubren todo, parecen estar manteniendo una interesante conversación sobre sujetos, corazones y piezas exteriores. “El corazón del sujeto es una pieza del exterior”, le indica uno al otro, sentenciosa frase que desde el interior de un bocadillo mudo, es el mejor compañero de la imagen como vehículo de expresión. “Frame 04” es el nombre de este cut-out que está acompañado de cuatro piezas mas.
“A Dream_Teeth” de 2008 es una de ella. Un dentista, un peluquero, las luces, un cuerpo fragmentado, un despertador… Todos los ingredientes de esta pieza tienen que ver con una compleja simbología donde los sueños, una vez mas, son los principales elementos a analizar para llegar al meollo de la cuestión. De nuevo, las teorías del psicoanálisis, la vieja interpretación de lo que soñamos, aparecen como un fantasma para poner en imágenes desequilibrios e inseguridades humanas, en este caso, un complejo de castración que aparece entre la fantasía de un cuerpo desmembrado, hecho de pedazos de otros.
“Patchwork Man“, “Puzzle” de 2007 y “An echo”, son las siguientes piezas con las que se completa la exposición.
En “Puzzle”, de nuevo, tres historias paralelas requieren toda la atención del espectador para poder dilucidar que es lo que en realidad se está contando. En imágenes, dos personajes en casi incomprensible diálogo, una cinta que pasa a pie de pantalla donde aparece otro texto, una voz que cuenta una historia que aparentemente nada tiene que ver con las otras dos, una carta del tarot,- los amantes, no podría ser de otro modo- , y un personaje rompiéndose la crisma por poner la última pieza de un puzzle malditamente incompleto, son los parámetros de una obra, donde se pone en práctica la aplastante afirmación de que percibir de una manera total todo lo que nos rodea, es tan imposible como frustrante es luchar contra las agujas del reloj. Simultaneismo, lo llamaron algunos en tiempos pasados. Jugar con el tiempo no es un juego sencillo. Un collage de ideas, parece lo mas acertado hablando de esta pieza.

Y para acabar, “An echo”, una obra donde el arte aparece como tema de discusión central del propio arte. Una escultura en la calle es el motivo de debate. Dos amigos discuten a cerca de la escultura de la discordia. Arte en la calle? Abstracción, o figuración?… preguntas como esta y otras mil pueden ser la causa del diálogo, pero a Maroto le interesa una vez más algo que está fuera del alcance de los elementos exteriores, centrándose en los modos de comportamiento humanos que, regidos por esa vida interna que nos lleva a todos, nos mueve a relacionarnos con los demás y con nosotros mismos de determinada manera. En este caso, se habla más de algo que a más de uno le ha sucedido en alguna ocasión. Tras defender una idea determinada y ser refutada por algún interlocutor, hemos tenido que ver como poco después ese mismo interlocutor defiende nuestra propia idea, esa a la que se mostraba contrario en un principio. “Donde dije digo…” reza el refrán.

En conclusión, si se pretende apreender la exposición de David Maroto de un débil vistazo, el éxito de la empresa está difícil. Piezas presuntamente deslavazadas son las que componen una muestra, que para ser plenamente comprendida, precisa de urgencia una mirada implicada en poner los cinco sentidos para degustar, con buen ojo, cada uno los ingredientes del banquete audiovisual que el artista a puesto sobre el mantel del ECAT. Acaso se percibe de otro modo la realidad cada vez más confusa y recargada que nos rodea?