Exposicion – Buscando la postura

Maite Camacho. “Buscando la postura”

Habitar, donde está nuestro lugar, donde termina mi espacio y empieza el del otro, cuales son los espacios que ocupamos, que vivimos? Estas cuestiones y otras semejantes, son propias de un grupo de artistas nacidos a finales de los años setenta, cuyas obras están repletas de reflexiones a cerca del hogar, de nuestra situaci?n frente a lo público, a lo privado. Maite Camacho pertenece a esa generaci?n. En su obra, una combinaci?n apropiada de FOTOGRAFÍA, instalación sonora, v?deo o escultura, le sirve para teorizar y plasmar su preocupaci?n por inc?gnitas particulares despejadas a base de un eclecticismo t?cnico, que casi es un sello de identidad.
Simplificando mucho, su trabajo en ECAT es una muestra de esto. El elemento estrella: la silla, unidad mÁnima de una mayor extensi?n de conceptos, símbolos y met?foras, que ofrecen al espectador su punto de vista sobre temas avocados a una universalidad indiscutible. As?, en su obra que va de lo particular a lo colectivo, y viceversa, la propia artista está presente como rePresentación del individuo y como rePresentación del género humano.
A la idea de habitar, se suman otras desarrolladas con igual sensibilidad y cuidado. La fragilidad propia del mortal que se aleja del para?so de lo divino, para actuar, tropiezo tras tropiezo, en un escenario lleno de trampas, paradojas y jaulas de oro, que ?l mismo va construyendo de forma involuntaria y casi autom?tica. Y de Ahí, una labor ingente, desmadejar la mara?a carcelaria en la que ubicamos nuestra propia libertad, intento que en la obra de Maite estaRía ligado a una poes?a atmosf?rica con aroma a desesperanza, aderezada de unas gotas de escepticismo, respecto al triunfo sobre la tit?nica empresa.
En “Buscando la postura” escribe la historia de un hombre que sentado en una silla existencialista, siente en carne propia esa nausea de la que nos hablaba Camus hace ya tiempo. Vers?til buscadora de alfabetos, cualquiera de ellos le parece v?lido para dibujar su discurso. Lo mismo trabaja tallas hechas a partir de lo que llama “?rboles abandonados” para hablar de “los sin ra?ces”, que vuela tejados de casas, que con la claridad de un libro abierto, nos explican n?tidamente que la casa, al igual que las sillas de la exposició de ECAT, es una met?fora, una transposición inerte del hombre y su sencillez exterior, envolviendo una complejidad interna que es la que verdaderamente le califica, le nombra, le hace existir.
Pues esas ra?ces flotantes, esas que no encuentran suelo hogar donde fijar descanso, aparecen también cuando trabaja en dibujos de sencillas casas a?reas sin cimientos definidos, cuerpos geom?tricos contenedores de una enredadera mat?rica más org?nica, que es símbolo de esa dificultad interior nuestra que tantos dolores de cabeza nos produce. Y en un buscarle tres pies al gato, lanza un hechizo sobre la gris?cea prosa vital humana, para ocuparse también de lo intangible, de nuestros sueños transubstanciados en deseos constantes. “sueño dorado”, “Descabezar el sueño”, “Entre sueños”, son alguna de las caras que le pone a ese “hombre casa”, cuyo interior es un confortable refugio y escondite de miedos, de luces, sombras, deseos de comunicaci?n, de construcci?n de un proyecto de felicidad que es quimera y prop?sito final de cualquier hijo del barro divino.
Camacho toma al hombre como centro de su universo, lo muta en objetos con significado propio, lo hace sentarse en malas posturas, lo moldea. Toda su obra está repleta de referencias a la anatom?a de nuestra vida emocional. “Fragilidad”, un ejemplo de cómo la artista construye un ser humano casi perfecto – como filmaRía en los sesenta Jorgen Leth, inmejorable en su blanco y negro- . Disecciona el cuerpo, lo corta y reduce a pequeñas unidades ricas en labilidad y esencia fugaz. Otro paradigma de lo mismo es “Seres embotellados”, una instalación del año dos mil, en la que Maite nos encierra en tubos de ensayo, el hombre luchando contra las paredes de una inc?moda prisi?n de muros transparentes donde el aire brilla por su ausencia. Enloquecidos, la instalación, que además fue pensada para ser expuesta en un escaparate, es el espejismo de un deseo, el sueño de libertad absoluta. Su propio sueño en “Cuerpo Jaula”, serie de dibujos del 2004, en los que sin pudor, hace un literario desnudo parcial, y nos muestra con sumo cuidado, un cuerpo fr?gil hecho de un entramado de alambres que se camuflan bajo el peso corp?reo de su falda.
Rasca un poco en esa tela, y además de imágenes que son una auto-radiograf?a descubridora de su dolor, miedo, rabia, ausencias, – en definitiva un precioso “Impresiones. Libro de artista” -, encontrar?s a un ser humano loco por poder elegir libremente su propia senda, su propio trozo de tierra en el que ubicarse y hacer confortable nido, un cuerpo de alambre con alma de mujer, deseante de encontrar por fin la postura.
La exposició de ECAT es todo un repertorio del sentir humano construido a partir de un espacio que, por sus condiciones, cobija y ofrece solidez a la instalación de la artista. El altar, es el teatrito donde se representa la comedia de vivir esperando. La escenograf?a, una amalgama de sillas cuentacuentos, parlotean sobre el correr de su suerte, rotas junto a sanas, tapiceRías ajadas que delatan un pasado glorioso sobre otras de severos y agujereados respaldos? Camacho habla de la naturaleza inherente de este objeto, que no es más que el negativo de la postura humana, un malabar de concavos-convexos para situarnos en la inc?moda espera de un actor confuso y agotado de buscar lo que no llega, de esperar a un Godot del siglo XXI. Mientras, hace equilibrios existenciales sobre una pata de madera, se balancea desgastado de matar horas fugaces, que pasan desapercibidas entre la rutina y el absurdo desenfreno de la vida diaria. La propia artista califica la din?mica de nuestra realidad como la que gobierna “el juego de las sillas”. Seres humanos desesperados por encontrar su asiento, movi?ndose a toda velocidad? que otro ocupe su lugar, es perder. Atenci?n infatigable en la carrera del otro, competici?n delirante que hast?a y deja sin aliento. Mi silla, mi espacio vital.
En estos términos habla también de l?mite, de la frontera que nos separa de los otros, una REFLEXIÓN a cerca de la incomunicaci?n y la soledad, que culmina en el “Almac?n virtual de sentimientos”, una efem?ride que Camacho inventa para la “net-art” como aut?ntica llamada al género humano, respuesta a la necesidad de comunicaci?n, de intercambio, y de eliminar aranceles entre emotividades que en todos, no nos enga?emos, toman fisionom?as gemelas.
“Habitar”, que es el proyecto en el que se inserta “Buscando la postura”, es una gran monta?a de deseos, de ganas de encontrar de nuevo la casa, la ra?z, el trozo de tierra. Necesidad humana, levantarse y caer, es quiz? la expresi?n que mejor lo define? Y la silla se rompi? de tanto intentar casar, encajar, emparejar mitades, de unas que están rotas, con otras que están deslavazadas y perdidas. Cambiar el final del cuento es un verdadero reto para el ocupante de tales asientos, encontrar un punto de apoyo sobre el que mover c?modamente su mundo, para encontrar la calma de un balanceo vital que acune, y no agite.
Intenta arreglar una silla rota si eres valiente. En última instancia todo tiene arreglo, dec?a Jean Cocteau, todo, excepto la dificultad de ser, que no lo tiene.