Exposición – Desconocido N1

desconocido nº1

“Me siento a mí mismo en la ciudad y la ciudad existe a través de mi experiencia encarnada. La ciudad y mi cuerpo se complementan y se definen uno al otro. Habito en la ciudad y la ciudad habita en mí”. Estas palabras de Juhani Pallasmaa, describen de algún modo la importancia que para muchos artistas, no necesariamente arquitectos ni vinculados a la arquitectura de una manera académica, tiene la urbe como motivo principal de trabajos y reflexiones de muy diversa naturaleza. Es el caso de Jota Izquierdo. La mayor parte de su obra está ligada a una ciudad, y la del ECAT no podía ser menos. Vamos a hablar de ella enseguida, y también de Pallasmaa, y de arquitectura, y de instalación, y de protección, de oros y platas, y de piel…

Entonces, la ciudad, como decía. Vinculado a lo urbano, Izquierdo actúa en el tejido de la ciudad desde muy temprano en su carrera. Los años noventa están plagados de intervenciones que tienen al urbanita como protagonista. La percepción de lo que nos rodea, el problema de las realidades y los realismos, tema central en toda la historia desde que el arte es arte, es retomado desde la mas moderna conciencia de lo social, de ser parte de la comunidad, y de una realidad poliédrica que tiene tantas aristas como ojos miran.

Experimento y experimentador casi son uno en trabajos como “Le Voyageur”. Y digo experimento porque, como si de un creador de alquímicos artilugios se tratase, el artista sale a la calle armado de uno de sus inventos, para jugar a mirar y ser mirado a través de un crisol que muestra la realidad confundida en la mezcla de lo cotidiano. Así, toma la calle con el rostro cubierto por un artilugio metálico reflectante de imágenes, dotado de un visor gracias al cual se recogían las figuras de los paseantes que accedían a la petición de Jota de hacerle una fotografía. Las cualidades mágicas de la máscara, que en otro tiempo tanto dieron que hablar en el arte contemporáneo, aparecen aquí como la táctica a seguir para embaucar al viandante que no puede ver la cara del artista. Como moneda de cambio, es el fotógrafo de paso el que queda registrado, o en el peor de los casos, la luz del flash de su improvisada cámara. Jota se esconde tras un contraluz que le permite observar sin ser observado.

En “La mirada circular”, también de los noventa, invierte los papeles. Gracias a un espejo de doble cara instalado en el artilugio facial, el peatón es ahora el observador. El artista pasa de espía a ser espiado, un bucle perceptivo que también se da en otras obras como “El mirador”, donde Jota se monta un campo de juego en medio de la ciudad, del que es imposible hacer uso. Como vemos, significados y significantes aparecen confundidos por el ingenio del artista inventor.

Otra obra de esos años, “Tout va trés bien”, también sitúa al artista en la calle. En esta intervención, deja su disfraz de alquimista y se convierte en repartidor de sonrisas. Eso sí, la máscara mágica sigue siendo el elemento catalizador de la fórmula, por medio de la que se produce el hechizo comunicativo entre espectador y artista. Las máscaras repartidas durante la perfomance, tenían un número de teléfono al que se podía llamar para hacer comentarios y opinar a cerca de su propuesta… “de verdad, todo va bien?”

El compromiso social que el artista adquiere en estas obras no deja de aparecer en otras de la década siguiente. El magnífico cambiazo que Jota da en “La señal” es un buen ejemplo. Un anuncio publicitario sustituido por una señal de peligro. Dos más dos, cuatro. Los peligros de los medios de difusión, de información malformada, también en “Gulf war movie”, donde la más rabiosa actualidad y el más riguroso directo, aparecen en un vídeo que recoge imágenes de la CNN a tiempo real. Imágenes y sonido modificados con técnicas de disjockey. De nuevo las cuentas cuadran. La manipulación de la realidad entra a diario en nuestras casas, una molesta rutina que se da en cuanto prestamos atención a nuestras pantallas o abrimos un periódico.

El ojo como elemento central, está en estas obras como lo está en la instalación que hace para el ECAT, pero en ésta el espectador, el que mira y percibe, no sólo será importante por sus ojos.

La ciudad, lo arquitectónico, el ojo… Tres factores que han aparecido sin otro propósito que explicar que la obra del ECAT no es una isla en medio de su quehacer creativo. La reflexión que de lo urbano relacionado con la arquitectura y sus habitantes hace en “Desconocido nº1” ya estaba en otras instalaciones anteriores. “Hombres como vacas”, por ejemplo. Como en Toledo, Izquierdo modifica un espacio interior, en este caso, una planta vacía del edificio Metro de Valencia. De este modo, plantea un nuevo espacio arquitectónico dentro de una arquitectura “real dada”. Lo efímero de los lugares que crea, se solapa con la perpetuidad del espacio que quedará más allá de la duración de la exposición. Pues en este edificio, Jota inventa una arquitectura tan pasajera como frágil. Utiliza papeles de colores para los improvisados muros con el fin de ocultar la verdadera estructura de la habitación cegada, cuya luz al exterior viene dada por la proyección de diferentes ventanales que muestran el ir y venir de los habitantes de la periferia de la ciudad. El edificio se convierte así en una especie de tótem, un elemento alrededor del que suceden las cosas, del que se desarrolla el tejido urbano. Una película en la que la banda sonora es el sonido de las máquinas que trabajan en la transformación del lienzo que rodea la ciudad.

El sonido junto a la transformación del espacio también estaban en “Why be blue?” o “Cuando haces pop ya no hay stop”. En la primera instalación, una sala de la casa de cultura de Picasent en Valencia, se convertía en una estructura cúbica que aislaba un piano donde se improvisó el tema del grupo musical New York Suicide. En la segunda, el espacio expositivo se vio modificado por la instalación de más de un millar de bombillas de feria, que distribuidas por toda la sala, generaban un lugar marcado por el calor que desprendían las luces. El calor era recogido por un extractor cuyo ruido, contribuía a la incómoda permanencia en la estancia donde se montó esta exclusiva fiesta popular.

Transformación del espacio, pues, arquitectura dentro de arquitectura. Y más que en ninguno de sus trabajos, en “Desconocido nº 1”, una instalación que Izquierdo concibe para el ECAT teniendo en cuenta, una vez más, la ciudad donde va a instalar. Así, se sitúa en una de las ciudades con más tradición artística y cultural de nuestro país, con una obra que es casi una muñeca rusa arquitectónica. Plantea un nuevo espacio dentro de la sala de exposiciones, otra de sus arquitecturas efímeras construidas para la ocasión, una estructura a dos aguas que enmascara la construcción verdadera. Esta liviana cáscara, está hecha a base de mantas térmicas, de esas que se utilizan en casos de emergencia para dar cobijo a heridos y víctimas. Así las cosas, parece que comenzamos a darle forma a un concepto, o más bien, a los múltiples significados que su pieza adquiere sólo por el material elegido.

El primero de los significados, el de protección. La arquitectura real se encuentra ahora protegida, más que enmascarada, por el calor que proporcionan unas telas, que montadas sobre bastidores, se mueven ligeramente gracias a tres ventiladores situados entre el edificio de piedra y el improvisado. El que pasea por la sala, se encuentra acunado por un suave terremoto, un balanceo que ofrece una inestabilidad falsa a los estables cimientos. Esconder o proteger. De la máscara al abrigo.

Y todo, haciendo homenaje al pintor que, me atrevo a decir, es símbolo de la ciudad. Esta obra es la particular visión de Izquierdo de otra visión, la del Apocalipsis según El Greco. Paños quebrados en el cuadro, y telas quebradas en su instalación. Personajes pintados que, según el artista, parecen estar pidiendo ayuda envueltos en unos ropajes cuyas aristas claman al cielo. Lo mismo, esas telas térmicas del ECAT, en las que la lisura que poseían dobladas, se ha perdido para romperse en mil filos. Pliegues quebrados, como quebradas están las gentes que necesitan ser cubiertas por semejantes paños.

Otro significado más. Los sentidos. Telas de doble cara que cubren necesidades opuestas. Necesidad de calor que da la parte dorada, o de frío que da su reverso de plata. Así es la tecnología, a veces hacedora de magias como ésta. El sentido mismo de lo que vemos, nos regala unas sensaciones que erizan la dermis. Y es una segunda piel lo que propone Jota en la instalación. De piel en la arquitectura no faltan teorías. Telas colgando majestuosas de las paredes de los templos, decoraciones incisas en la propia pared de muros de todo el mundo. La arquitectura del ECAT se trasluce a través de las mantas… La piel de la arquitectura, el tacto de la piedra y la mano sobre el espacio que habitamos, cuando la primacía del ojo sobre el resto de los sentidos se pone en cuestión. Ya Buñuel rasgó las cortinas de una famosa retina a la vista de todos. Y Descartes, que identifica el ojo con el tacto como el más certero de los sentidos, y la existencial ocularfobia de Sartre, y “Los amantes” de Magritte, beso a cara cubierta, y los ojos en las manos de Beyer en el “Metropolitano solitario”… El tema daría para largo, las referencias son infinitas.

Entonces la relatividad de la mirada, de eso también habla Izquierdo en esta especie de refugio protector. De eso, y de las realidades escondidas que salen a la luz gracias a la obra de arte y a la propia percepción del espectador, capaz de crear verdades tan absolutas y válidas como las que crea su compañero de paseo.

De los ojos de la piel hablaba Pallasmaa, que si he traído hasta aquí desde el inicio de estos párrafos, no ha sido por capricho o azar. Toda una eminencia en arquitectura, tejidos urbanos, manos y ojos dice: “La inhumanidad de la arquitectura y la ciudad contemporánea puede entenderse como consecuencia de una negligencia del cuerpo y de la mente, así como un desequilibrio de nuestro sistema sensorial… el proyecto moderno ha albergado el intelecto y el ojo, pero ha dejado sin hogar al cuerpo y al resto de los sentidos, así como a nuestros recuerdos, sueños y nuestra imaginación”.